lunes, 6 de agosto de 2012


-         Pónganse los cinturones, el avión está a punto de aterrizar.

Por fin habíamos llegado a Madrid, lo cierto es que no estaba muy lejos de Málaga pero el viaje se me había hecho largo, no porque el avión hubiese tenido turbulencias, ni porque estuviese incómoda con el pasajero que tenía justo al lado, de hecho estuvimos hablando casi todo el viaje, y le conté qué hacía en ese avión, porque viajaba sola, y qué esperaba encontrar cuando llegara a Madrid, entonces él me dijo algo que no olvidaré nunca:
-         Eres una chica muy valiente, que sabe lo que quiere y lucha por ello, seguro que todo te va a ir muy bien en la vida.

“… Seguro que todo te va a ir muy bien en la vida…” Esas palabras siguen dando vueltas en mi mente,  me dirijo hacia la cinta que transporta las maletas, veo mi maleta rosa a lo lejos, me acerco hacia ella y la cojo, me camuflo entre la multitud de personas que hay en el aeropuerto y tras 10 minutos consigo llegar a la puerta de salida, miro hacia un lado, hacia otro, nada, no hay nadie, es decir, hay mucha gente, pero no está él, lo maldigo, y pienso que es demasiado tonto, le dije mil veces que llegaría a las 13:00, son las 13:30 y no está aquí.
Empiezo a pensar que quizá no vaya a venir a por mí, que es un cabrón y que es capaz de haberme dejado tirada aquí, pero inconscientemente mi mente empieza a justificar su ausencia, quizá se haya quedado encerrado en el ascensor, o haya pillado atasco, se haya encontrado con la típica vecina pesada que te cuenta su vida y la de toda la comunidad o quizás…  Quizás puede que…
-         ¡¡ Pequeña !!
-         Idiota, pensaba que te había pasado algo. – Le dije, aunque en realidad querría haberle dicho que pensé que no vendría a por mí pero posiblemente eso desencadenara una pequeña discusión y no era el momento.
-         ¿ Qué me iba a pasar a mí,  el tío con más suerte del mundo ?
-         ¿ El tío con más suerte del mundo? – Le pregunté irónicamente.
-         Pues claro, he tenido la mayor suerte del mundo, te he conocido, y ahora estás aquí, por mí, por ti, por nosotros.
-         Oh!  ¿Cuánto tiempo llevas preparando este momento? Jajaja. Tengo hambre, ¿me invitas a comer algo?
-         Por supuesto pequeña, soltamos tus bártulos en casa y te invito a comer al sitio más bonito de la ciudad.